Mis desayunos con el violinista del diablo

diablo-violinista-elviolinSi hay un punto rescatable de las Navidades, para mí, es que es un tiempo en el que se propician momentos de intimidad con la familia y donde se comentan viejas batallitas (¡las de todos los años, por cierto!). Es una época en la que se dan todos los ingredientes para evocar recuerdos. El otro día, mientras ojeaba un viejo y pesado libro (con las tapas de madera) de mi padre sobre música clásica, vi que tenía señaladas varias páginas, ¡vaya usté a saber porqué!. Entre ellas, había una que me emocionó mucho: la 1882, que correspondía a PAGANINI (Niccoló). Me senté y sin tener recuerdo de haberla leído antes, me la sabía de memoria. Eran tal cual, las palabras de mi padre hablándome sobre este Genio.

Esto que te cuento, no lo sabe casi nadie, pero si tuviera que poner banda sonora a mi infancia elegiría, por un lado, el claqueteo de las Cigüeñas de la Catedral de Alcalá que, a las nueve menos cinco de la mañana y de la mano de mi madre, me avisaban que llegaba tarde a la escuela. Y por otro, el  Concierto Nº1 para Violín y Orquesta de Paganini que para mí es, todavía, la del violin. Si no la has escuchado, hazlo. Sus treinta y ocho minutos harán que entiendas mejor lo que vas a leer en los cuatro o cinco próximos.

Recuerdo que todos los Domingos durante muchos años mi padre me despertaba con esta música ¡a toda ost*a, como si no hubiese un mañana!. Cuando uno es un crío magnifica todo, para lo bueno y para lo malo, así que supongo que no serían TODOS, pero se me ha quedado tan grabado que me encanta pensar que así es. Entretanto, mi madre ya tenía preparados los churros que luego me comería, acompañados de un vaso de Nesquik junto al radiocassete (¡de coche!) de la cocina.

No te quiero aburrir con mis movidas 😉 , pero la historia que te acabo de contar, es necesaria para que comprendas la importancia que tiene este tipo en mi recuerdo. En los próximos párrafos te propongo un juego interactivo con su música, mientras te cuento tres reflexiones que me parecen interesantes sobre su figura, especialmente la última.  Si te animas, pincha en los títulos de color rojo de abajo, sube el volumen y ¡vente conmigo 😉 !

 1er. Movimiento: Allegro Maestoso. La leyenda del Violinista del diablo y la mediocridad del ser humano.

 

Yo soy mi música. Todo lo que siento, lo que soy, lo que quiero ser, lo pongo en la música. Me conozco a mi mismo, no mucha gente lo hace. Tampoco quiero que mucha gente me conozca.

Fragmento de la película: El Violinista del Diablo.

La figura de Paganini está plagada de historia, de historietas y de leyendas urbanas casi en la misma proporción. Uno no sabe dónde acaba la realidad y dónde empieza la ficción. De él se ha dicho que tenía sífilis, Síndrome de Marfan, que era ludópata, adicto al sexo, que tenía aracnodatília, llegando a asegurar que le medían los dedos cuarenta y siete centímetros (¡casi medio metro!)¡vamos, que hay cóndores en los andes con una envergadura menor!. Lo raro es que no fuese tuerto, porque con semejante manopla, se estaría metiendo el dedo en el ojo contínuamente mientras tocaba.

La más extendida, y la que más te sonará es que su increíble virtuosismo se debía a que tenía un pacto con el diablo. Lo que casi nadie dice es que comenzó a tocar el Violín cuando tenía 6 añitos. Su padre pronto adivinó su habilidad natural para este instrumento y le sometía a durísimas y larguísimas jornadas de ensayos. Puestos a especular, a lo mejor sus manos desfiguradas se debían a las horas que pasaba empuñando el instrumento en una edad en que todavía los huesos se están formando. O quizá alguién se ha preguntado si este muchacho dormía agarrado a un Violín, o si soñaba con arpegios y escalas imposibles que por la mañana se afanaba por reproducir. Lo que parece claro, es que mientras otros críos de su edad pasaban el rato afinando la mandolina 😉 , él estaba pegado a su instrumento soñando con ser el Violinista más grande de todos los tiempos.

Este escenario demuestra lo mediocres que somos los seres humanos. Tradicionalmente atribuimos el éxito  a la suerte, a acontecimientos coyunturales, a milagros o a que alguien se ha acostado con fulano o mengana. Pocas veces relacionamos el virutosismo con el trabajo, la constancia y el esfuerzo.  O bien consideramos que es Don divino que viene dado, y no se puede hacer nada o que se debe a una cuestión de suerte, como al que le toca la lotería, y en ese caso tampoco se puede hacer demasiado.

La realidad es que ni los milagros ni los pactos con el diablo surten efecto sin la correspondiente ración de trabajo. Si quiero sobresalir en un campo o incluso, hoy por hoy, sobrevivir… más vale que me rompa el c**o preparándome, saliendo a la calle, haciendo contactos y demostrando al mundo lo que sé hacer. Nadie te dice que lo vayas a conseguir, pero como dice el chiste, al menos habrás jugado el décimo…

2º Movimiento: Adagio. El diablo se viste de Prada. El maestro del branding de la época.

 

En sus manos el violín es una orquesta. Usted ha descubierto armonías que nadie imaginaba que existían. Es casi como si hubiese creado un nuevo instrumento. Esa es su genialidad y también su problema.

Necesita decirles que lo que están por oir es revolucionario, único y sublime. Necesitan ser emocionados y tal vez intimidados antes de oir una nota. Talento y habilidad tiene usted en abundancia, lo que le falta es una historia (…) Todo lo que tiene que hacer es lo que ama, tocar su música y ser reconocido.

Fragmento de la película: El Violinista del Diablo.

Ponte en su pellejo. Si te están diciendo todo el día que has hecho un pacto con el diablo, si la gente se santigua y se desmaya a tu paso, si te comentan que te ven por las noches darte una vuelta con el maligno a lomos de un jamelgo; una de dos: o acabas como Bela Lugosi  durmiendo en un ataúd o bien le sacas rendimiento al asunto. Paganini que era bastante listo, optó por lo segundo.

Sin llegar a arrancarle de un bocado la cabeza a un murciélago como Ozzy Osbourne, alimento publicitariamente su leyenda. Su imagen tétrica, unida a su virtuosismo extremo le convirtió en un verdadero fenómeno de masas. Hizo varias giras por Europa, tenía legiones de fans, enloquecía a músicos tan prestigiosos como Chopin, Schubert o Schuman. Tenía su propio merchandaising, que supongo no explotaría él: Prendas de vestir, dulces con su nombre y hasta su retrato se tallaba en los mangos de los bastones y las cajas de rape.

Era un maestro en su trabajo y encima sabía venderlo como nadie. A más B igual a Pasta.  Esa es la fórmula, no le demos más vueltas. No soy experto en branding personal, para eso está mi amiguete Andrés Pérez Ortega pero, si él no me corrige, tenemos que aprender a vender nuestro expertise de la misma forma que hacía este tipo: primero siendo la mejor versión de nostros mismos en lo que hacemos y luego, por este orden, aprovechar las herramientas y generar las oportunidades para mostrárselo al mundo.

 3er. Movimiento: Rondo Allegro Espirituoso. Mi auténtica prueba del nueve.

Si te dedicas de algún modo a la educación o has tenido la oportunidad de preparar una clase para un grupo de gente, entenderás que el proceso se parece mucho a lo que estás escuchando. En ambos casos se rigen por una estructura con  partes y momentos bien diferenciados. Tienen su ritmo interno y combinan distintos momentos y lógicas: a veces suena sólo un instrumento, otras se establecen uno o varios diálogos paralelos, en algún momento suenan los instrumentos de viento, en ocasiones los de cuerda y en el climax estalla la orquesta entera. Nada está elegido al azar, siempre, tanto en una clase como en una pieza musical  en cada momento se pretende conseguir un objetivo y una emoción determinada y además siempre tiene que sonar bien.

Para mi, la del violín es la sesión perfecta. No me voy a poner a analizar la pieza porque enseguida te darías cuenta que no tengo ni idea de música, pero me pone la piel de gallina. Instintivamente hay momentos en que es capaz de levantarme de la silla, otras coger un boli y hacer que dirijo la orquesta (¡qué vergüenza!) y otras me deja anclado a la silla con una sonrisilla de alucine en la cara .

Yo soy bastante inseguro y normalmente cuando tengo que preparar una sesión de cierta importancia la pienso mucho, la doy vueltas, la cambio y pocas veces me termina de cerrar. Cuando me sucede eso, la someto a la prueba del nueve.  Me coloco los casquitos, repaso el esquema con la del violín de fondo y la música y mi intuición me dicen si va a funcionar o no.

Me imagino la sesión, intento vivirla como si fuera uno de los participantes e intento acoplar, como si fuesen piezas la lego, la lógica, ajustar el ritmo, las técnicas e incluso los descansos hasta encajen lo mejor posible. Si lo consigo, esa noche duermo como un lirón porque mi instinto me dice que va a salir como yo quiero. La lástima para mí es que, si te soy sincero, casi nunca consigo que la orquesta termine de sonar todo lo afinada que me gustaría. Exactamente la misma sensación que estoy sintiendo en este momento con este post. ¡CHIM-PUM!

 

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Víctor Manuel Blanco Gijón

Víctor Manuel Blanco Gijón

Diseño de Estrategias Educativas at eduhackers.org
Aprendiz de bloguero y apasionado de la educación. Mi misión es diseñar experiencias para que la gente aprenda lo que quiera aprender. Me encanta investigar sobre tecnologías vinculadas a nuevas formas de aprender y enseñar. Siempre en "fase Beta", disfruto experimentando. El "fracaso" no está en mi diccionario y contemplo mis errores como oportunidades de aprendizaje ;-)
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Mis desayunos con el violinista del diablo by Víctor Manuel Blanco Gijón is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial 4.0 Internacional


  • ML

    Sorprendente, creativo y maravilloso post.
    GRACIAS!!!!!

    • http://www.eduhackers.org/ Víctor M. Blanco

      Uffff!!!!…. Mil gracias ML. Ha sido muy chulo volver a recordar momentos de la infancia tan felices… Besetes!!!

  • http://doripecharroman.blogspot.com.es/ dori pecharroman

    Qué post más chulo y ameno. Consigues que lo leamos hasta el final. Ahora voy a escuchar el concierto.
    Muchas gracias

    • http://www.eduhackers.org/ Víctor M. Blanco

      Gracias Dori… Bienvenida a eduhackers 😉

  • Laura Martínez

    Pues creo que lo has conseguido amigo Victor Me dejas alucinada con este post! eres un maestro! gracias!

    • http://www.eduhackers.org/ Víctor M. Blanco

      Gracias Laura por ese pirapazo!!!… jajajaja, a parte de crear contenido creo que es importante divertirte explorando nuevas formas de comunicar y escribir. Me alegro que te guste y nos seguimos leyendo!

  • Nuria L.

    Amigo Víctor… este post ha sido SUBLIME!!! Me ha súpermegaencantado!!! He disfrutado mucho con la historia y con la banda sonora que la acompaña. Ha sido tan inspirador, que encuentro que es un momento ideal para incorporar a Paganini a mis melodías de despertador 😉
    Por cierto, qué ideal el toque de la radio de coche en la cocina! Reciclando, recuperando y reutilizando, como tiene que ser! 😀
    Un abrazo!!!

    • http://www.eduhackers.org/ Víctor M. Blanco

      Gracias Nuria… Gracias por tus estimulantes palabras. Yo también, durante mucho tiempo incorporé está melodía a mi teléfono. Mola ver como se te queda mirando ;-). Lo del radio cassette de coche de la cocina era un invento de mi padre muy marciano, porque nunca tuvo ni coche ni carnet de conducir… Era un capricho que no sé a quién vería o cómo se le ocurrió, pero duró mogollón de años. un besete y nos seguimos leyendo 😉